Desperté... pero nada era como lo recordaba.
No había dolor.
No había ruido.
No había prisa.
Solo una calma extraña... y algo dentro de mí que comenzaba a cambiar.
Intenté aferrarme a lo que había sido mi vida.
Pero ya no encajaba.
Entonces lo entendí.
No se trataba de lo que había perdido...
sino de lo que estaba frente a mí.
Porque hay algo que nadie puede hacer por mí.
Elegir.
Y esta vez...
sabía que mi decisión lo cambiaría todo.