En un barrio llamado Los Chucos, en Tegucigalpa, nació Juancito, hijo de Toño y Juana, humildes trabajadores de los mercados. Su casa estaba construida de madera, cartón y lata; aunque la vida era difícil por su pobreza, esa familia era feliz. El pequeño tenía un perrito llamado Sorbete que su abuelo le regaló antes de morir; era su compañero de vida y lo llevaba hacia los mercados de Comayagüela a vender sus productos en una cajita de madera.
Toda la gente lo admiraba porque siempre andaba sonriendo y con su perrito. Aunque le regalaban zapatos, él decía que hasta que fuera grande los iba a comprar, pues su sueño era ser doctor cirujano. Cada madrugada salía a vender con su padre, quien siempre le decía: «Hijo, tú serás una persona muy importante». Antes de ir a la escuela, dejaba a Sorbete con doña Chencha y luego corría a clases con su profesor Mauricio.
Esta es una historia maravillosa sobre el esfuerzo para ser alguien en la vida, siempre dirigidos por la mano poderosa de Dios.