Perfidias, Robos y Crueldades de Napoleón es un testimonio apasionado nacido en el fragor de la Guerra de la Independencia Española, cuando el ejército imperial francés ocupaba nuestras ciudades y el pueblo se alzaba espontáneamente en defensa de su patria, su rey y su fe. Escrito por Nicolás Gómez de Requena en 1808 -poco después del heroico levantamiento del Dos de Mayo en Madrid-, esta obra responde al llamamiento de la Junta Suprema Central para movilizar la opinión pública contra el invasor mediante la denuncia implacable de sus crímenes pasados.
Lejos de limitarse a la invasión española, el autor emprende un recorrido exhaustivo por la trayectoria del usurpador corso, demostrando que su traición a España no fue un acto aislado, sino la culminación de quince años de perfidia sistemática. Desde los fusilamientos masivos en Tolón (1793), donde engañó a civiles indefensos para luego degollarlos; pasando por las atrocidades en Italia -hospitales donde soldados convalecientes eran enterrados vivos, ciudades enteras saqueadas y reducidas a cenizas-; hasta los crímenes en Egipto, donde tras prometer respeto al islamismo asaltó Alejandría y masacró a sus habitantes refugiados en mezquitas, o en Jaffa, donde mandó ejecutar a 3.800 prisioneros y envenenar a cientos de enfermos con opio. El autor no olvida el asesinato judicial del Duque de Enghien en Vincennes (1804), la destrucción arbitraria de repúblicas neutrales como Génova y Venecia, ni la usurpación de tronos aliados en Nápoles, Etruria y Portugal tras firmar tratados de amistad.
Con lenguaje vibrante y retórica incendiaria, el texto desmonta la imagen gloriosa que la propaganda bonapartista difundía en Europa. Apelando incluso a fuentes francesas -periódicos, testimonios de oficiales prófugos, documentos del Directorio-, Gómez de Requena construye un dossier demoledor que revela al «gran hombre» como un asesino, ladrón y traidor sin escrúpulos. La obra culmina con una advertencia profética: al igual que Ulises cegó al cíclope Polifemo que pretendía devorarlo en último lugar, España -que ya expulsó a cartagineses, romanos y moros- sabrá arrancar los ojos a este nuevo gigante mediante el valor popular y la unidad nacional. Más que un simple panfleto, este texto es un monumento al patriotismo español y un testimonio invaluable de cómo una nación entera se reconoció en la resistencia frente a la tiranía.